La hoja anhelaba escapar de la cárcel que le esperaba, sabía que su destino pasaba por ser triturada en las manos de Gumer, el jardinero, no era un asesino, pero le gustaba desayunar y para eso debía matar hojas acumuladas, que atestaban su parque. "El verdugo de Berlanga sufría en exceso", pensaba Gumer."Quitar la vida es tan fácil como respirar. Estrujaba la hoja, reía. Una menos", decía"
Los minúsculos trozos de hoja agonizaban.Ana María Tapias Garcia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario