lunes, 26 de octubre de 2015

La tortuga arco iris

Vivía en una casa de plástico, que la había construido la hija de su amiga,  una arquitecta 2.0. Su amiga era una mujer mayor, rozaba los 80 años. Estaba viuda hacía años, por las mañanas se ocupaba de la casa, por las tardes iba a andar. Caminaba a bueritmo, a pesade todas las arrugas que anidabaen su rostro. Salía coella.  La llevaba en un bolso-pecera redondo. La explicaba el sentido de las calles,con los números pares e impares, cómo funcionaban los semáforos, los parquimetros; por qué la gente corría de un lado para otro sin saludarse, la contaminación que cubría los pulmones de nicotina prefabricada. Según la estaciódel año iba más o menos abrigada. Aquel dia salió coun trajde chaqueta gris, y paraguas, las nubes amenazaba coromperse. La lluvia empezó a caer silenciosa, indiferente, pausada. Sacó la cabeza ddentro del caparazón para mirarla, urayo de sol la cubrió, se volvió arco iris.  La amiga  la sonrió, essería su secreto.


Emilio Otero Pascual, que me regaló a la tortuga arco iris.


Ana Tapias


viernes, 26 de junio de 2015

La niña

Aquella mañana, la niña, no quería salir de casa, había soñado con que  un lobo  se comería sus trenzas,  en el parque.  No quería encontrase con el niño del pijama,  que veía desde su habitación. La sacaba la lengua, la insultaba, la atemorizaba con su careta de lobo. Su abuela la empujó hacia la puerta. Salieron, sus pasos eran lentos, su mirada llorosa, su cuerpo se resistía a enfrentarse con su miedo. El ruido de la ciudad,  llegaba a sus oídos como si fuera un terremoto; no quería llegar; hubiera parado a cualquier coche,  hubiera montado en él para alejarse.  Agarraba fuertemente la mano de su abuela;  la oprimía. La abuela, una mujer sabía, la besó los dedos y la susurró" Vamos, vamos, amor, lucha contra el destino". La niña sonrió.
 
Ana Tapias.

sábado, 14 de febrero de 2015

Calle

 Correteaba con sus amigos hijos de  comerciantes, que poblaban aquella calle que era su país, donde las esquinas marcaban las fronteras que no debían ser traspasadas, donde las casas diferenciaban provincias, donde las tiendas dibujaban hoteles. Correteaba hasta que su madre la iba a buscar, y, su mano, pequeña, insegura, torpe, acariciaba la firmeza de la mano de su mamá ,y olvidaba lo difícil que era ser niña en una calle 

ANa Maria Tapias Garcia.

lunes, 2 de febrero de 2015

Ana

Su pequeña, helada y juguetona mano, se arrojó a esculpir su nombre sobre la nieve. La costó aprender a escribir, aprender a leer, la gustaba más soñar. Gracias a la  paciencia de su madre y de sor María Jesús, logró juntar vocales a consonantes, en aquel libro marrón, con letras exuberantes, jocosas. mayestáticas, que a duras penas sostenía, aquel libro marrón que gobernaba su destino.
Movía sus dedos de arriba abajo, buscando su analfabeta infancia,  sobre la que se acurrucaba cada vez que nevaba.

Ana Maria Tapias Garcia.

domingo, 25 de enero de 2015

Blanco y negro

La  niña, miraba de soslayo los dibujos animados,  por las noches sus pesadillas eran de colores.  Su muñeca aparecía en color rojo, el cuarto era rosa, el suelo era  violeta, las ventanas eran naranjas, las puertas eran  amarillas. Caminaba con los ojos cerrados, se caía, se despertaba en azul, asustada. Llamaba a su madre.

-Mamá, mamá,  estoy harta del color.
-Bueno, hija. Hay otro mundo escondido en blanco y negro, que acarician las hojas al caerse al suelo. El suelo admite a quienes han perdido sus ilusiones, a quienes lloran, a quienes se han olvidado del arco iris. 

-Creo mamá que prefiero el color.

La madre sonrió.

Ana Maria Tapias Garcia.