viernes, 18 de abril de 2014

Skyline mental

Desde la azotea de su bloque de edificios  se divisaban los perfiles de la ciudad. Ella necesitaba saber qué pensaban. Estaba cansada de imaginar, necesitaba la realidad.
El centro comercial le comentó que estaba cansado de ver el maltrato de la gente  hacia la ropa. El banco se quejó de la cantidad de dinero que se despilfarraba en inversiones , que no tenían sentido. El rascacielos no entendía la razón de la soledad de las nubes.
Fue preguntando  uno a uno para terminar en una pequeña casa de vecinos, donde una mujer de pies gordos tendía la ropa. La azotea no supo quejarse sino admirar la destreza de cada de vecino para soñar.

Ana Maria Tapias Garcia. 

jueves, 17 de abril de 2014

Jueves Santo

-Mamá si  no tienen cabeza, ni ojos.
- La tienen dentro de la capucha.
-¿ No se caen sin ver?
-No , llevan todo el año ensayando.
-Bueno, mamá.

-Vamos a comprar unos gusanitos, que no sé si luego no tendrás pesadillas con hombres sin cabezas, cruces con hombres muertos , y tambores que parecen dan masajes cardiacos a la luna.

-Vale.

Ana Maria Tapias Garcia.

sábado, 12 de abril de 2014

Viernes de dolores

El cáncer recorría su cuerpo dejándola convertida en un amasijo de huesos. Nunca perdió la fe, la llevaron en silla de ruedas a ver el Vía Crucis del viernes dolores, sería su última semana santa con los pies en la tierra, la siguiente no estaría en la calle.

Miró a la virgen doliente y la suplicó que la dejara irse con ella para ayudarla a superar su dolor. Juntas caminarían por las lágrimas dejando a un lado la esperanza de la vida. La virgen no supo qué decirla, estaba acostumbrada a callar y no hablar. Siguió su camino en su silla de ruedas.

Ana Maria Tapias Garcia

jueves, 10 de abril de 2014

Hurto matinal

De camino al trabajo sintió que la vista se le nublaba,  ante él se dibujó el mar. Se quitó la ropa y se dispuso a dejarse llevar por sus olas, ansiaba  libertad. Estaba harto de estar encadenado al asfalto. Oía pitidos de claxones y gente que le miraba extrañada ante sus gritos" Me ahogo, me ahogo, ayudenme no sé nadar". Un policia local se acercó y le preguntó sí estaba bien. -Si lo estoy, contestó- He decido robar unos segundos a la monotonía para viajar al mar. Ya vuelvo a la realidad.
El policia cada mañana gritaba" Me ahogo, me ahogo" y su mujer harta de que se ahogará solo se ahogaba también, hasta que un dia toda la comunidad de vecinos se ahogaba en la ducha y en las demás duchas que eran caracolas de mar.

Ana Maria Tapias Garcia.

lunes, 7 de abril de 2014

Pequeños momentos

-Mamá qué es eso rojo que anda por la flor- preguntó Guillermo.
-Una mariquita, contestó su madre llena de nostalgia.  De pequeña era la que más mariquitas cogía por segundo de la barriada y ninguna se la caía al suelo y se mataba. 
-A las mariquitas hay que cuidarlas, Guillermo. Dijo sabiendo que su hijo mediano era un poco salvaje , y no cuidaba nada las paredes de casa que tenia todas llenas de pintadas. 
-Mamá, yo soy un niño mayor-contestó con soltura.
 Cogió en su mano adulta aquella mariquita que le devolvió a la edad de su hijo.

Ana Maria Tapias Garcia. 

jueves, 3 de abril de 2014

Retratos

Jóvenes, guapos, inexpresivos, no me parezco  nada a mis bisabuelos. El blanco y negro de la foto les daba un toque de solemnidad, como si fueran Doctores Honoris Causa del paso del tiempo.
 Sus retratos tienen más de 130 años y les tengo yo, una de sus cuarenta o más bisnietas. El destino me ha  hecho depositaria de su recuerdo. Ignacio y Juliana forman parte de mi comic de vida. Donde cada día les observo por si se intentan comunicar con mis errores,  a hurtadillas, y regañarme pero se mantienen fieles al silencio  y nada puedo hacer para hablar con ellos. Ellos saben mi destino y yo.
Ana Maria Tapias Garcia. 

martes, 1 de abril de 2014

Lágrimas en la Mar

Los barcos se escocían con el paso de las olas sobre ellos. Una de ellas sería tan fuerte que les llevaría al fondo de mar, donde van los marineros a bucear en las aguas del olvido rodeados de peces deformes , que les sonríen en la oscuridad. 
El pesquero se movía a disgusto aquel día, no sabía la razón, pero le daba acidez a su bienestar. Un bienestar monótono y lleno de interrogantes sobre su próxima pesca. Narraba troqueladas historias del mar cuando un mercante atropelló sus palabras y le hundió. El mar se tiñó de lágrimas y nada pudo hacerse por las palabras desaparecidas que se ahogaron. 

A los pescadores muertos dia 1 de Abril cerca de las Islas Cies.

Ana Maria Tapias Garcia.