jueves, 30 de enero de 2014

Dia de mercado

-Luciano quiero dos kilos de peras que estén de aguantar-dijo Encarna.
 Encarna caminaba apoyándose en su bastón. Su nieta Encarna le llevaba la compra.
Luciano le miraba atónito y le daba la fruta.
-Luciano quiere dos kilos de melocotones, pero que sean grandes.Mira estos que pequeños son.
Encarnita aprendía del arte de su abuela. Luego tenía que ir a la bodeguilla de la Señoa María a rellenar los sifones. Su abuela le dejaba repasar la cuenta escrita a mano, y tras pagar se iban al siguiente puesto a comprar verdura. No habia que mezclar la verdura con la fruta.
Asi eran los dias de mercados repletos de frutas a quienes acarciar.

A mi abuela y a mi hernama: mis Encarnas.

Ana Maria Tapias Garcia.

martes, 21 de enero de 2014

Sonreir

A veces creo que la sonrisa nace  dentro de un pozo y hay que sacarla con un cubo. La sonrisa juega al escondite con mis labios que intentan bajar al pozo, antes de llegar al fondo me encuentro con sonrisas rotas en el destino, sonrisas que se deshacen en mi pensamiento y evitan que siga bajando. He de esforzarme y creer en el mundo para llegar al fondo. La cuerda se tensa en mis imágenes, no puedo mirar más a las lágrimas, si quiero sonreír. He de entender porqué lloran para valorar mi sonrisa. La sacó algunos días otros me pueden las lágrimas.
Ana Maria Tapias Garcia.

La peladora de gambas

Miraba a las gambas con sueño. Apenas dormía y cuando lo hacía soñaba que pelaba gambas. Sus manos ensangrentadas perdían sus deseos de ser amables cada día. siempre se estaban quejando, nada les gustaba. Sus manos eran su vida, su vida eran sus manos. Cada día soñaba con dejar su realidad y volar en un avión de vacaciones para llenar sus manos de crema bronceadora.

Ana Maria Tapias Garcia

domingo, 19 de enero de 2014

Melchor

 -Me das una moneda-dijo.
  -Mamá, si parece Melchor-dice la niña. Dale una moneda.

Melchor llevaba años sin ejercer de rey, su reino se quedó atrapado en la fábrica que cerraron. No supo encontrar otro trabajo. Debía encontrar sus manos con otras manos. Manos huidizas de los sueños e inmersas en pesadillas.  Melchor a veces sonreía, cuando alguien le recordaba que su pasado fue parte del calendario.

      -Gracias, dijo Melchor y siguió buscando.
Ana Maria Tapias Garcia.

domingo, 12 de enero de 2014

Cementerio

La escalera daba la bienvenida a unas flores recién llegadas al patio.

A las 96 años había dejado de vivir para soñar con cuidar su tumba. La limpiaría cada mañana antes que llegaran los enterradores, con nuevas flores. Debía impresionar a sus vecinos, era nueva en el patio y no quería quedar como alguien que no atendía sus obligaciones. Tras morir recibió  un cursillo de " orientación laboral-post morten", que la ayudaría a hacer bien su trabajo y enfrentarse a su nueva situación ser una parada más en la eternidad.  Una parada cuyas flores se marchitarían a pesar de sus cuidados. 

La escalera no dejaba de trabajar.
Ana Maria Tapias Garcia.

sábado, 11 de enero de 2014

Recuperar la memoria

"Aqui fue arrojado mi padre", dijo Paula, ante la mirada atónita de sus nietos. Sus ocho nietos acudieron con palas a desenterrar a su bisabuelo. Fue fusilado en la guerra por ser maestro. Sus palabras quedaron enterradas en su diccionario de la derrota. Paula una niña de diez años, les siguió  en la oscuridad, oyó los disparos y supo que la mirada de su padre quedó en sus libros para siempre. Cuando podía acudía al lugar a hablar con su padre, era atea no rezaba. Su madre no tenía fuerzas para ir.
Paula estudió magisterio, cuando podía daba clases de historia y contaba la guerra, de una manera que todos la entendieran. Sus hijos se fueron del pueblo a la ciudad, donde se exiliaron del pasado. Las prisas acabaron con sus fuerzas y apenas volvían al pueblo. A sus nietos les gustaba los cuentos de su abuela, cada fin de semana la visitaban. Un sábado después de desayunar su abuela  les dio una pala y fueron a poner el colorin colorado a la vida de un maestro fusilado.

Con todo mi cariño a quienes fueron asesinados.

Ana Maria Tapias Garcia.

jueves, 9 de enero de 2014

En una calle

En una calle con alfombras de silencio vivía un matrimonio de 120 años. Habían sobrevivido a todo tipo de torturas: desde las inclemencias del tiempo hasta tres guerras: dos mundiales y una civil.
Se besaban como si tuvieran veinte años y las arrugas del olvido no hubieran pecado sobre sus memorias, cubiertas de flores secas.  Su calle era poco transitada, podían salir desnudos a charlar, vestirse les daba pereza, ya nada tenían que ocultar, eran dos esqueletos a los que nadie miraba. Todos miraban las lágrimas de los cuerpos esbeltos que respiraban en la calles del silencio.
Ana Maria Tapias Garcia.

miércoles, 8 de enero de 2014

Frio

Las campanas sonaban como un eco en sus oídos tras una noche pasada al raso. Nadie se fijaba en sus sombras, pasaban desapercibidas en medio de las rebajas. Cientos de manos se agolpaban delante de de escaparates, mientras ellos sólo pensaban en buscar algo que desayunar. Los bares y supermercados no tiraban nada por la mañana. A la gente le gustaban los bollos, sólo dejaban el envoltorio. Las tiendas con sus dependientas perfectamente combinadas abrían al público, antes habían tachado números de etiquetas y habían puesto otros números que resultaran más creíbles al ojo sin dinero. El dinero era el Dios al que rezar en cada amanecer. Se colocaron en una esquina con sus manos extendidas esperando la empatía de alguien que escuchara su frío.
Ana Maria Tapias Garcia.

domingo, 5 de enero de 2014

Noche de Reyes

Baltasar, Melchor y Gaspar ya no podían subir más escaleras, tenían agujetas en sus piernas. Llevaban todo el año entrenándose  como si fueran a opositar al cuerpo de bomberos, pero no podían más.
 Pasaba por la calle a esa hora una  mujer que les miró sin decir nada.
-Hola-dijeron los tres a la vez.
-Hola-respondió.
-¿ Nos podría ayudar?-preguntaron los tres a la vez.
-No sé-contestó, la mujer.¿ Qué he de hacer?.
-Has de subir por nuestra escalera, abrir los balcones  y dejar regalos-dijo Melchor.
-Me dan miedo las escaleras-contestó, pero si me sujetáis lo haré.

Amanda, se convirtió tras una noche de trabajo, era barrendera, en ayudante de los Reyes cansados. Al llegar a casa contó a su hijo que había ayudado a los Reyes. Su hijo sonrió pues vio que su madre al fin creía en la inocencia.

Ana Maria Tapias Garcia

A mis cinco sobrinos. Os quiero.

jueves, 2 de enero de 2014

Cuento con la palabra" Ahogarse"

Sus dedos se ahogaban en medio de un click de ratón. No sabía donde podía llegar si seguía leyendo el periódico: un atentado brutal en Beirut, le dejaban sin flotadores de esperanza. Otro atentado en Afganistan, le mutilaba su sueño de un mundo mejor. Otro atentado en Sudán, le dejaba con el agua al cuello. 
Había perdido la cuenta de la sangre derramada. Sangre que le llevó al Titanic donde no quiso bailar con los músicos y se ahogó en medio de la indiferencia del resto de dedos,  que seguían moviendo el ratón como sí fuera fácil.
Ana Maria Tapias Garcia.

miércoles, 1 de enero de 2014

Sidra vacia

Se ha pasado la noche entera suspirando que la lleven  al lugar donde cobra sentido su existencia,  en la basura. Su esclavitud es formar parte  de unos sueños de los que nunca será participe. Sueños que no la harán feliz. Su felicidad es ser cristal, volver a sus cenizas. Nadie la entiende. A ella la da igual, sólo quiere romperse en mil pedazos , para olvidar el vacío que siente al ser un objeto sin vida a la que interrogar.
Se ha pasado la noche entera suspirando. 
Ana Maria Tapias Garcia.