Inamaculada una vecina de Cádiz, llevaba tres años esperando una licencia. Una licencia para no salir huyendo cuando la policia la pidiera los papeles. Las licencias tenían nombres y apellidos. Las bautizaban curas laicos. Curas que sonreian al caminar. Sonreian ignorando el dolor de Inmaculada. El dolor de ver la nevera vacia y sus hijas clamando justicia. Justicia de sus vidas. Vidas que otros derrochaban y ellas apenas pueden subsistir. Sus hijas escribieron sus palabras. Palabras escuchadas por un país con muchas neveras sin nada. Neveras del desaliento que Inmaculada obligó a llenar. Ellos los concejales siguieron llenando las neveras de sus amigos. Neveras en urbanizaciones sin conciencia. "La conciencia ha muerto," dijo Inmaculada y el país, renació con sus palabras.
Para Almudena, la ciudadana de Cádiz ,que nos regaló esperanza con sus palabras.
Ana Maria Tapias Garcia.