Vivía en una casa de plástico, que la había construido la hija de su amiga, una arquitecta 2.0. Su amiga era una mujer mayor, rozaba los 80 años. Estaba viuda hacía años, por las mañanas se ocupaba de la casa, por las tardes iba a andar. Caminaba a buen ritmo, a pesar de todas las arrugas que anidaban en su rostro. Salía con ella. La llevaba en un bolso-pecera redondo. La explicaba el sentido de las calles,con los números pares e impares, cómo funcionaban los semáforos, los parquimetros; por qué la gente corría de un lado para otro sin saludarse, la contaminación que cubría los pulmones de nicotina prefabricada. Según la estación del año iba más o menos abrigada. Aquel dia salió con un traje de chaqueta gris, y paraguas, las nubes amenazaban con romperse. La lluvia empezó a caer silenciosa, indiferente, pausada. Sacó la cabeza de dentro del caparazón para mirarla, un rayo de sol la cubrió, se volvió arco iris. La amiga la sonrió, ese sería su secreto.
A Emilio Otero Pascual, que me regaló a la tortuga arco iris.
Ana Tapias
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