Delante del parlamento miles de sombras pedían justicia. El dictador que gobernaba sacó de su bolsillo izquierdo un teléfono móvil" No quiero opositores en las calles, matarles", dijo sin empatía. Hombres sicarios, sacaron sus armas de sus armarios obedeciendo. Las calles se sumieron en un caos con miles de muertos.
En una esquina, de las tantas que había, un hombre mayor se refugiaba sin miedo. He luchado por la democracia, puedo morir feliz. El dictador no cesaba de sonreír, también era mayor, pero sus canas sangraban sin piedad. La revolución nunca llegó a su corazón, solo a su voz" Matarles, matarles, son cobardes, en mi pais no habrá revolución".
Y murieron como héroes al lado del parlamento.
Ana Maria Tapias Garcia.
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