Su familia le negaba la palabra. Ella era diferente, había nacido en otoño y eso la hacía ser hoja que buscaba entre las palabras, una que la hiciera feliz. No entendían su lenguaje, no estaban dispuestos a perdonar sus faltas de ortografía. Ella lloraba, y, lloraba en el abecedario, hasta que un arco iris se cruzó en su camino y supo que se pegaría a él y no volvería a su casa de ladrillos, pues era la palabra que le llevaría a soñar.
Ana Maria Tapias Garcia
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