Acompasaba su mano al lienzo, dentro de él bullían personajes. La cabra adormilada miró a Francisco con ojos tiernos, que cautivaron su pensamiento. Tal vez sea mi próxima pintura, no necesita alardear de ser feliz con sus posesiones, no se vendía al destino, aceptaba su compromiso con la muerte como parte de su ego.
Acompasaba su recuerdo en su paleta de sueños, donde una cabra era él en un día de calma.Ana Maria Tapias Garcia.
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