Su pequeña, helada y juguetona mano, se arrojó a esculpir su nombre sobre la nieve. La costó aprender a escribir, aprender a leer, la gustaba más soñar. Gracias a la paciencia de su madre y de sor María Jesús, logró juntar vocales a consonantes, en aquel libro marrón, con letras exuberantes, jocosas. mayestáticas, que a duras penas sostenía, aquel libro marrón que gobernaba su destino.
Movía sus dedos de arriba abajo, buscando su analfabeta infancia, sobre la que se acurrucaba cada vez que nevaba.Ana Maria Tapias Garcia.
Acurrucada
ResponderEliminarAcurrucada escribio
Pero seguia soñando
Y asi sus sueños plasmo
Escribiendo con encanto.
Acurrucada
ResponderEliminarAcurrucada escribio
Pero seguia soñando
Y asi sus sueños plasmo
Escribiendo con encanto.