Había una vez un niño que miraba y miraba a la luna, no sabía cómo se llamaba. Su dedo indice señala por las noches aquella cosa que brillaba tan lejos. Probó llegar a ella con una silla, primero, su dedo no la acariciaba. Después lo intentó con una escalera, su dedo estaba algo más cerca.
Tras muchos años de intentarlo con diferentes métodos. Escribió una carta a la NASA proponiéndoles su idea" ser traductor de la luna". La NASA, no tuvo más remedio que decirle que sí. Fue en una nave espacial acolchada con diccionarios, para ser interprete oficial de esa cosa.
Tras muchos años de intentarlo con diferentes métodos. Escribió una carta a la NASA proponiéndoles su idea" ser traductor de la luna". La NASA, no tuvo más remedio que decirle que sí. Fue en una nave espacial acolchada con diccionarios, para ser interprete oficial de esa cosa.
Ana Maria Tapias Garcia.
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