De camino al trabajo sintió que la vista se le nublaba, ante él se dibujó el mar. Se quitó la ropa y se dispuso a dejarse llevar por sus olas, ansiaba libertad. Estaba harto de estar encadenado al asfalto. Oía pitidos de claxones y gente que le miraba extrañada ante sus gritos" Me ahogo, me ahogo, ayudenme no sé nadar". Un policia local se acercó y le preguntó sí estaba bien. -Si lo estoy, contestó- He decido robar unos segundos a la monotonía para viajar al mar. Ya vuelvo a la realidad.
El policia cada mañana gritaba" Me ahogo, me ahogo" y su mujer harta de que se ahogará solo se ahogaba también, hasta que un dia toda la comunidad de vecinos se ahogaba en la ducha y en las demás duchas que eran caracolas de mar.
Ana Maria Tapias Garcia.
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