-Mamá qué es eso rojo que anda por la flor- preguntó Guillermo.
-Una mariquita, contestó su madre llena de nostalgia. De pequeña era la que más mariquitas cogía por segundo de la barriada y ninguna se la caía al suelo y se mataba.
-A las mariquitas hay que cuidarlas, Guillermo. Dijo sabiendo que su hijo mediano era un poco salvaje , y no cuidaba nada las paredes de casa que tenia todas llenas de pintadas.
-Mamá, yo soy un niño mayor-contestó con soltura.
Cogió en su mano adulta aquella mariquita que le devolvió a la edad de su hijo.
Ana Maria Tapias Garcia.
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