Paulino fue boxeador del carbón, peleaba con sus manos negras, cuajadas del sudor de la supervivencia, llegaba a casa, donde le esperaba, Isabel, con la comida preparada, y sus tres hijos. Asi año a año, hasta que se jubiló. Salía de casa pronto, se sentaba en el parque, dibujaba vocales y consonantes con sus ojos, que soñaban con no olvidar a leer en la realidad. Hablaba con los vecinos de los garbanzos que cultivaba, del paso del tiempo. Asi año a año, hasta que sus piernas se cansaron.
Paulino se evapora hacia las nubes, allí las acariciará, las tumbará boca arriba, las hará cosquillas, sonreirá. Miraremos hacia el cielo buscando su nombre.
Paulino se evapora hacia las nubes, allí las acariciará, las tumbará boca arriba, las hará cosquillas, sonreirá. Miraremos hacia el cielo buscando su nombre.
Ana Maria Tapias Garcia.
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