La escalera daba la bienvenida a unas flores recién llegadas al patio.
A las 96 años había dejado de vivir para soñar con cuidar su tumba. La limpiaría cada mañana antes que llegaran los enterradores, con nuevas flores. Debía impresionar a sus vecinos, era nueva en el patio y no quería quedar como alguien que no atendía sus obligaciones. Tras morir recibió un cursillo de " orientación laboral-post morten", que la ayudaría a hacer bien su trabajo y enfrentarse a su nueva situación ser una parada más en la eternidad. Una parada cuyas flores se marchitarían a pesar de sus cuidados.
La escalera no dejaba de trabajar.
Ana Maria Tapias Garcia.
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