Baltasar, Melchor y Gaspar ya no podían subir más escaleras, tenían agujetas en sus piernas. Llevaban todo el año entrenándose como si fueran a opositar al cuerpo de bomberos, pero no podían más.
Pasaba por la calle a esa hora una mujer que les miró sin decir nada.
Pasaba por la calle a esa hora una mujer que les miró sin decir nada.
-Hola-dijeron los tres a la vez.
-Hola-respondió.
-¿ Nos podría ayudar?-preguntaron los tres a la vez.
-No sé-contestó, la mujer.¿ Qué he de hacer?.
-Has de subir por nuestra escalera, abrir los balcones y dejar regalos-dijo Melchor.
-Me dan miedo las escaleras-contestó, pero si me sujetáis lo haré.
Amanda, se convirtió tras una noche de trabajo, era barrendera, en ayudante de los Reyes cansados. Al llegar a casa contó a su hijo que había ayudado a los Reyes. Su hijo sonrió pues vio que su madre al fin creía en la inocencia.
Ana Maria Tapias Garcia
A mis cinco sobrinos. Os quiero.
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