"88 era el número de asiento donde ella la susurradora de cuentos se sentaba cada día. Cada día seguía la misma rutina: desayunar pasteles de mermelada con un zumo de tomate y tomar el avión. Cada semana elegía una ruta. La ruta donde se dedicaba a susurrar cuentos. Cuentos para que los viajeros se sintieran felices y no recordaran el drama de viajar. Viajar era olvidar a quienes se quedaban en tierra. En el aire se desnudaban de sonrisas y se cubrían de lágrimas. Lágrimas que la susurradora de cuentos teñia de palabras. Palabras del asiento número 88. Palabras olvidadas en la tierra, donde la susurradora lloraba delante de sus pasteles. Pasteles de su soledad que mitigaba cada semana susurrando cuentos".
Ana Maria Tapias Garcia
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