"El sonajero se movia de un lado a otro de la mano de la niña. Niña que no sabía nada de la clonación. la clonación de su sonajero se produjo en una fábrica. La fábrica era su madre. Madre que lo vendía para poder comer. La comida escaseaba en la fábrica. La comida de su día a día era una utopía. Una utopía que el sonajero supo aceptar. Aceptó su destino: ser un clon de otros clones y es que la ciencia, su madre, debía avanzar. La niña movía el sonajero cómo sí fuera real, pero sólo era un clon".
Ana Maria Tapias Garcia
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