Nadie la había explicado cómo era el amanecer. Así que un día decidió olvidar las sábanas y el mundo que vivía dentro de ellas y se levantó. Despejó su mirada de telarañas y siguió el rumbo del amanecer. Amanecía con nubes, nubes altas, nubes con formas de cuadros imposibles de descifrar. El amanecer suspiró dentro de ella y creó otra realidad. Realidad en la que buscaba parte de ella.
Ana Maria Tapias Garcia
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