La derrota nunca fue anunciada pero si entraba en sus calculos. Jugaba a todo a una carta: el as de corazones. El as de corazones giró varias veces sobre la mano del crupier y se metió dentro de la baraja. Habia perdido su dinero y sus sueños. Soñaba con el dinero ganado construir una vida sin manchas en el suelo de su casa. Casa rota y desvencijada por el paso de los años sobre ella. Su casa era su as de corazones y salió con ella en su mirada. Mirada derrotada.
Ana Maria Tapias Garcia.
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