Cada sábado por la mañana mi abuelo encendía su viejo radiocasete y escuchaba: muñerias. Muñeiras que le había grabado su amigo Antonio. El señor Antonio le llamábamos. Vivía en Bembrive, una parroquia de Vigo. Mi abuelo sentía morriña de su amigo y bailábamos muñeiras en el comedor. Muñeiras castellanas en mis oidos. Oidos con forma de gaita y aldea escalonada. Bembrive era el cuento que mi abuelo le regalaba a mis pies, en mi niñez. Cuento-muñeria que siempre bailo.
Ana Maria Tapias García.
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