Amparo miraba un día tras otro las números en rojo de su cuenta bancaria. Apenas podía caminar con ella, sus tres hijos y sus nietos. Amparo no sentía su corazón en sus piernas. Piernas cargadas de euros que debía. Debía su vida a los usurpadores de sonrisas. Usurpadores que se sentaban en sus cómodos sillones y reían ante su deuda: 900 euros. 900 euros de sus piernas. Piernas que pesaban más que su familia. Familia a la que decidió decir adiós. Amparo se suicidó. 900 euros fueron su soga y los banqueros reían y la sociedad callaba.
No a los desahucios.
No a los desahucios.
Ana Maria Tapias Garcia
A Amparo la última víctima de los desahucios.
No hay comentarios:
Publicar un comentario