La basura se agarraba a las calles antes de ser definitivamente olvidada. La huelga la hacía visible a un mundo que solía taparse la nariz cada vez que pasaba junto a ella, pero la basura sentía y cuando lo hacia lloraba y reía. La basura estaba feliz hasta que llegaron los hombres de negro: los políticos y decidieron que el olor que traía dañaba su reputación y la basura lloró su abandono en el vertedero.
Ana Maria Tapias Garcia.
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