A su mirada huraña le asqueaba la navidad con la que se encontraba en los escaparates. Sabía que todo el mundo era feliz cuando llegaba, olvidando las tragedias de la rutina. Tragedias que esparcían lágrimas por las calles. Calles negras, sin color, sólo con olor. Las calles olían a abandono y a duelo de las sombras. Su mirada se cobijó en un escaparate donde los muñecos de nieve le hicieron viajar en en el tiempo. A los dos años una nevada conquistó su mirada un 25 de Diciembre y fue un niño rojo. Un niño- Santa Claus con un reno que le llevaba al fondo del árbol, donde un coche le esperaba. Un coche fue su primer regalo de navidad. Su mirada huraña también sonrió.
A mis cinco sobrinos.
Ana Maria Tapias Garcia.
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