La nieve era un muñeco. Muñeco a quien los niños entregaban una de sus bufandas elegida en un sorteo, el que acertaba el número entregaría la suya, olvidando el clamor de sus gargantas ante el hueco por donde entraba el frío. Frío de su jardín aburrido en otoño. Demasiada hojas en el suelo para poder contarlas, algunos sólo llegaban hasta el diez. El jardín se adornaba con la nieve y sus figuras. Figuras de sus días de colegio y manos con guantes. Figuras de sus días de salón y televisión.
La nieve era un muñeco a quien adorar.
Ana Maria Tapias Garcia.
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