No miraba a la vida desde hacia años. Estaba contaminado por el trabajo y la necesidad de pagar facturas acumuladas sobre su mesilla de noche. Hacia meses que no leía libros sólo facturas. La vida se habia convertido en una factura a la que dar la razón. Odiaba dar a la razón al consumo pero si quería llevar pantalones debia consumir. Ir desnudo por las calles le llevaría a la cárcel y allí le impondrían un traje de rayas grises. Un traje para olvidar su desnudez. Cruzó la calle leyendo la factura que iba a pagar y la pagó con su vida. Un coche le mató. No tuvo ojos para ver la muerte, otra factura más escondida detrás de la realidad.
Ana Maria Tapias Garcia.
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