martes, 8 de octubre de 2013

Robar besos al atardecer

Cada tarde salia con su cámara, cámara  rota y destrozada por tantos besos como la daba y ponia rumbo al atardecer. Atardecer demacrado y silencioso. La rutina hacia mella en su estado de ánimo. La rutina le dejaba sordo de sueños pero cuando llegaba ella y le besaba resucitaba de su silencio y hablaba. Hablaba de su nostalgia, de sus dudas, de su nada interior. Hablaba y la besaba a la vez. Ella también se sentia sola y abandonada pero caminaba en busca de su beso cada dia, beso que robaba al anochecer.
Ana Maria Tapias Garcia.

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