Los cisnes negros se escondían, no querían ser deseados. Ser deseados significaba que les cambiarían y habrían de formar parte de la sociedad. La sociedad no permite la imaginación, la encarcerla. Ellos no buscaban ser unos cisnes más que hablarán del miedo, del odio, de la necesidad de parecerse a otros espejos. Ellos buscaban su sombra. Sombra acondicionada a su imaginación con ella jugaban a esconderse de la maldad de un mundo que les miraba como amenazas a su homogeneidad. Amenazas silenciosas a las que disparar. Los cisnes negros se escondian con imaginación.
Ana Maria Tapias Garcia
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