En una playa del sur donde el agua es espejo de sueños, ella caminaba lentamente. Estaba harta de las prisas de la capital. El corría, estaba harto de la lentitud del pueblo. Sus miradas se rozaron y pensaron que tal vez se podrían acarciciar. Estaban consumidos por malas relaciones. Relaciones sin futuro que agotan su presente. Presente viciado de otras caras. Ella caminaba hacia la nada. Él se aproximó despacio por detrás, la susurró" hola, me llamo destino, y quiero que me beses". Le beso y se perdieron en el mar.
Ana Maria Tapias Garcia
No hay comentarios:
Publicar un comentario