- Es mejor que nos olvidemos de gobernar y hagamos la guerra-dijo el primer ministro a su secretario de guerra.
- Una guerra ganada señor. Ellos no tienen dinero para combatir-contestó el secretario.
-La guerra me dará más fama, y popularidad en las próximas elecciones-dijo el primer ministro
- Mandaré a las tropas a la zona, señor-contestó el secretario.
-Las guerras son fáciles para los que mandamos y díficiles para los obreros que las pelean-dijo el primer ministro.
- Sacaré el plano de Gibraltar y de una vez por todas será nuestro-contestó con desgarro interior el secretario.
Las guerras hay que librarlas sólo en los teatros son menos tragedias con butacas.
Ana Maria Tapias Garcia.
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