viernes, 2 de agosto de 2013

Cuento dedicado a Dionisia Manzano.

Dionisia nunca imaginó que no moriria con arrugas. Dionisa nunca entendió la vida como una batalla. La guerra era cosa de otros. Cosa de unos animales viciados en el ansia de matar. Dionisia caminaba con la cabeza bien alta y el brazo en su sitio. Nunca lo  alzo en  una España a la que dio su vida. Nunca fue otra, siempre fiel a ella misma. Ella que caminaba con la cabeza bien alta y sin arrugas de torturador. Torturaron su cuerpo pero no su memoria, que se eleva entre las memorias de quienes hicieron la democracia de España.
Esto no es un cuento es la vida de Dionisia.
Ana Maria Tapias Garcia


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