Silvio ensayaba ante el espejo una nueva cara. La suya estaba tan operada que ya no se reconcia, era el peaje que habia de pasar por ser politico. Anhelaba tener veinte años y no tantos como tenía. No recordaba ni su edad. Antes contaba arrugas para saberla. Ahora contaba politicos a los que anular para llegar al poder. El poder era su traje del emperador. Traje con el que se sentia vestido ante su país. Pais lleno de restos de la antigüedad.
Silvio era un resto antigüo pero él seguía mirándose en el espejo del poder.
Ana Maria Tapias Garcia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario