Los actores se sacudían el polvo de sus trajes antes de empezar la obra. Habían de engañar a todo el país sobre sus trabajos. Trabajos infieles a la sinceridad. Cada uno antes había ensayado en su casa delante de sus espejos. Sus casas estaban llenos de ellos. En cada uno ensayaban una mueca bajo la aprobación de sus asesores. Asesores siempre mal pagados, pues siempre lograban sacar partido a sus mentiras. Mentiras que el público no acabó de creerse, pero asi eran las funciones de teatro un ratito para soñar. Soñar con que la verdad no fuera ensayada.
Ana María Tapias Garcia.
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