Nunca la gustó la pintura de Picasso. Pero se sentía identificada con esos rostros de mujeres cubistas. Mujeres desordenadas sin palabras. Mujeres bellas en la distancia. Nunca supo como excusar la monotonía de su matrimonio, ni las infidelidades de su marido. Siempre fue un cuadro en un museo. Museo de mujeres sin palabras.
Ana Maria Tapias Garcia.
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