Atardecía sobre la ciudad, ciudad no muy grande, ante la pasividad de dos gitanas. Tenían la suerte de vivir cerca del atardecer. Ellas charlaban de sus problemas diarios. Problemas que no veían el sol. El sol se quería despedir de ellas y de sus cuitas con la vida. La vida de las mujeres gitanas es dura y sólo cuenta con un ratito para descansar. El ratito que el sol silencioso se iba de sus palabras. Ni se inmuntaron ante el adiós del sol. Las puso su mejor sonrisa y ellas siguieron sintiendo los últimos rayos de luz sobre sus faldas negras.
Ana Maria Tapias Garcia.
Ana Maria Tapias Garcia.
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