El culpable no sabía que lo era. Había roto un cristal delante de todos. Miraron hacia otro lado. La realidad asusta a la gente. La realidad ocasionaba ceguerra. Ceguera que impedía ser feliz. La felicidad consistia en comer pasteles de chocolate, delante de gente que pasaba hambre. La felicidad del cupable era su inocencia. Inocencia de chocolate.
Ana Maria Tapias Garcia
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