Las manos se lavaron de la suciedad la noche. La noche había estado cuajada de pesadillas. Pesadillas insalubres para su trabajo diario. Se dispusieron a salir de casa para lidiar con la realidad. La realidad de aquel dia parecia fácil, pero no lo fue. La realidad fue un amasijo de hierros. Hierros de un tren sin rumbo. Hierros de la tristeza de manos sollozando entre la vias. Las manos límpias agarraron a las manos sucias de dolor y las ayudaron a sonrerir.
A todos los aquellos manos ánonimas que se lanzaron a las vías del tren y salvaron a otras manos.
Ana María Tapias Garcia.
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