En un rincón de la habitación una mujer asimétrica miraba un globo. Un globo rojo en el techo de la habitación. Su hijo también asimétrico lo había soltado de sus dedos y el globo había volado. El globo su única esperanza de felicidad pertenecía al techo. La mujer asimétrica fue a por una escalera y lo atrapó entre sus manos. Rezó ante él y sonrió. Su hijo también sonrió. Su hijo salió de la habitación con un nuevo Dios en su corazón. El Dios globo.
Ana Maria Tapias Garcia.
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