La felicidad se escondía en una esquina de la calle. Calle prohibida al público. El público sólo podía mirar a lo lejos. Hubo un anciano que harto de esperar rompió la prohibición y se adentró en la calle.
Su valentía fue recompensada con una sornisa. Una sonrisa de sus manos libres de la tristeza.
Ana Maria Tapias Garcia.
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