El negro se escondía entre los matorrales. Una pandilla de niños blancos le perseguía con piedras. Le perseguía por su color. Color no lo suficientemente bueno para ser libre. El negro cada vez que salía de casa debia refugiarse entre los matorrales. Con ellos compartió horas de angustia. No podía salir de ellos. No podía ser libre. Sus pies perrmanecían atados a la tierra. Pero la tierra era igual para todos" pensaba. Su pensamiento se ensangrentaba cada vez que decidía ser libre. Cada vez que decidía no llorar ante los demás. Su valentía no necesitaba de piedras. Su valentía era su piel, su piel negra. Piel de luchadores. Piel de la verdad. La verdad de un niño que nunca lloraba.
Ana Maria Tapias Garcia.
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