La niña miraba al desconocido en el parque. El desconocido la sonreía. El desconocido se aproximó a ella. Ella le rechazó. Rechazó su mano. Mano que la quería llevar a territorios peligrosos. Había oido cuentos de hombres que robaban la inocencia de niñas. La niña siguió jugando y el hombre, hombre peligroso para la inocencia, se fue a intentar robar otras inocencias. La inocencia es un tesoro de los niños que nunca debería ser robado.
Ana Maria Tapias Garcia.
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