" El asesino escondía su mirada entre las hojas. Hojas ensangrentadas. Hojas póstumas de la felicidad. Había matado. Si al fin se había atrevido a hacerlo. No sabía si podria hacerlo. No sabía si sus manos, manos inmaculadas, estarían preparadas para el asalto a a la fortaleza de ella. Ella y su vida indiferente a la suya. Eran vecinos de toda la vida. Ella vívía en un castillo, él en una casa. Ella era una bruja, él un principiante de asesino. Nadie queria a la bruja en el pueblo. Un día harto de aguantar las maldades de ella cogió el hacha y la esperó. Siempre salía a caminar. La llamó, ella se giró y el tiró el hacha sobre su cuello. Cuello que rodó hacia el castillo, donde habla con los turistas. Habla en el idioma de la locura. La locura que la llevó a ser una bruja en un castillo, asesinada por el vérdugo del pueblo"
Ana Maria Tapias Garcia
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