" La sidra, una sidra, esperaba su turno en la estanteria. Era dificil ser una más y no ser deseada por nadie. La soledad cubría sus deseos. Desesos ser bebida por almas inquietas. Esas almas que la dejaban huellas de amistad. Huellas depositadas en sus burbujas. Burbujas enfermas de lluvía. LLuvia analfabeta de burbujas. Lluvia sin una estanteria donde ser admirada. LLuvia efímera.
La sidra, una sidra, fue un sentida por ellas: tres amigas que deseaban un momento efímero de burbujas. La sidra, una sidra hizo su trabajo. Trabajo anclado al deseo".
Ana Maria Tapias Garcia
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