Su mirada me paralizó en medio de la calle. Estaba junto a su madre y otra mujer. Otro niño llevaba una pistola negra en sus manos. Él no quería seguir la senda de la violencia. No queria jugar con armas. La violencia habia llevado a su familia a una patera. Una patera silenciosa. Una patera cargada de cádaveres. Los cádaveres formaban parte de su mirada. Mirada que me interrogaba. Yo no era cómplice de ellos. Yo nunca había matado a nadie, ni tan siquera a una cucaracha y eso que me dan mucho asco. No soportaba el ruido que hacia al chocarse contra el suelo. ¡ El suelo espejo de tantas miradas sin vida!. Su mirada creció y vio un horizonte lleno de libertad. La libertad que le trajo desde una patera y con esa libertad construyó su vida. Vida de miradas de paz.
Ana.
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