En una esquina del escenario una pierna no se quedaba quieta. Eran los nervios de la última función del curso escolar. La pierna llamó de urgencia al cerebro. El cerebro al pensamiento. Un gabinete de crisis corporal para aplacar la crisis de la pierna. La pierna se puso a bailar a su ritmo. El ritmo pactado. El ritmo que la brindó miles de aplausos. Sí todos la aplaudían. Todos la querían. Se sintió deseada. Desde entonces el cerebro y el pensamiento se reunen una vez a la semana para planear como contener las criris de sus emociones.
Ana.
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