" El escritor hombre tímido levantaba la cabeza para ver si había gente que quisiera comprar sus libros. Libros escritos en sus tardes de estio, donde descansaba de sus labores como asesor fiscal. Cambiaba de palabras y se dejaba llevar por la fantasia. La fantasia le llevaba a sus mundos, mundos sin fronteras, ni escupitajos. Mundos de lana. La lana era su abrigo y su mensaje: todos debemos llevar chaquetas de lana.
El escritor hombre de palabras duras y dificiles sonreia a los lectores aunque no le mirarán. Llevaba una chaqueta de lana".
Ana Maria Tapias Garcia
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