Era el ministro. Aún no podía creerselo. No sabía cómo actuar de cara la nación. ¡ Deberia cruzar a las piernas o estirarlas al sentarse en el sillón ministerial!. Esas dudas le paralizaban el cerebro. No podía pensar. Nadie le había enseñado. Sólo hablaba y hablaba. Palabras sin sentido en medio de una nación que necesitaba alimentarse. Era el ministro. Estado gaseoso que nunca llegó a entender.
Ana Maria Tapias Garcia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario