El funcionario no sabía sí sonreir o llorar. Llevaba toda la vida conectado a la máquina. Era como la máquina de diálisis. No podía vivir sin ella. Los usuarios llegaban llenos de dudas. Dudas que no les dejaban vivir. Preocupaciones inciertas que él debía someter a la máquina. La máquina.
Por las noches cuando parecía que dejaba de respirar, la máquina le acompañaba en sus pesadillas. Su mano derecha no acertaba a desenchufarla. La máquina sonreia maquiavelicamente. La máquina era su jefe.
El funcionario nunca llevaba pañuelos en su uniforme. Uniforme sin duda de cables. El funcionario.
Ana-
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