"La tía Ana subía en el ascensor ansiosa por ver a su sobrino. Abrió la puerta de la habitación y estaba tumbado en esa cama, cama extranjera para su cuerpo. Cuerpo cansado tras la operación. La tia Ana sufria por su sobrino pero sabía que aquella cama era la cama de la valentia. Las camas extranjeras con otros acentos hacen fuerte a los niños que las usan. El cuerpo de su sobrino le pertenecia por unos dias debia permanecer sujeto a la cama. No sé podía mover. Sí se movia perdería su valentía y se volvería cobarde. La cobardia de una enfermedad, que no era suya, era de sus paredes. En las paredes blancas ser perdía la mirada de su sobrino. Sobrino que hablaba con ellas y las contaba sus deseos de salir de allí. La tia Ana sonrió cuando su sobrino la dijó" nos vamos a casa". Donde habló al fin en su idioma.
Con todo mi amor al niño más valiente: mi sobrino Santiago
Ana Maria Tapias Garcia
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