" En las manos de aquel niño. Niño de otro mundo se leía la palabra: hambre. Eran manos sucias. Manos sin agua corriente. NO sabía lo que era un grifo, ni el agua potable. Bebían con los animales. Animales a los que daban todo lo que ellos tenían. Compartían hasta el sudor de sus nostalgias. Nostalgias de una vida sin tripas hinchadas y sin moscas. Nada podían hacer. En sus manos se leía la indiferencia de un mundo que sólo pensaba en como matar al otro mundo".
Ana.
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